La respuesta es sí. Cuando existen indicios de que una persona podía sufrir demencia, deterioro cognitivo u otra alteración neurológica en el momento de otorgar testamento, es posible impugnar su validez y solicitar una valoración especializada.
Para que un testamento sea válido, el testador debe tener capacidad suficiente para comprender el alcance de sus decisiones, identificar a sus herederos y entender las consecuencias de la distribución de su patrimonio. Si estas capacidades estaban afectadas, la voluntad expresada en el documento puede ser cuestionada judicialmente.
En este contexto, la evaluación neuropsicológica pericial desempeña un papel fundamental. A través del análisis de informes médicos, documentación clínica y pruebas neuropsicológicas, el perito puede valorar si existían alteraciones cognitivas compatibles con una pérdida de capacidad para testar.
Los informes periciales neuropsicológicos son una herramienta de gran utilidad en procedimientos relacionados con herencias, impugnación de testamentos y conflictos sucesorios, aportando una valoración objetiva basada en criterios científicos.
